De lo urgente a lo verdaderamente importante

30 07 2010

Llevamos estos últimos meses conversando en nuestro máster de recursos humanos sobre las webs 2.0: comentando lo que no entendemos o lo que no nos ha funcionado en estas herramientas; o en el peor de los casos, sentenciando lo que no tenemos la intención de volver a intentar o lo que no nos interesa sin haberlo apenas paladeado (triste, pero verídico). Sin embargo, el presente post no va en esta dirección, sino que regresa a lo auténticamente importante: ¿sabemos escuchar? Es decir, en este mundo en el que vivimos saturados de información, le concedemos un digno lugar a atender a nuestro interlocutor; es más: ¿cuántas veces le resumimos a éste lo que nos acaba de comentar? Como en muchas otras facetas de la vida, seguramente menos de las que verdaderamente son necesarias.

Me asaltan estas reflexiones porque pienso que la escucha activa y sus dos amigas del alma: la empatía y la asertividad; son comúnmente infrautilizadas en la práctica, y más aún, en un entorno que se mueve a velocidades insospechadas, como es el mundo empresarial. Por eso me gustaría indicar solamente de pasada algunas formas de uso de la escucha activa:

1º. Parafrasear, esto es, subrayar verbalmente lo que más ha despertado tu dormido intelecto.

2º. Resumir brevemente, siempre respetando los turnos e intentando no interrumpir a tu interlocutor.

3º. Por último, aunque no por ello menos importante, asentir o demostrarle al otro que le estás entendiendo (lo que no significa que estemos totalmente deacuerdo con él/ella o le estemos dando la razón absoluta).

Este último aspecto conecta a la escucha activa con los componentes emocionales implicados en esta cuestión: la empatía y la asertividad. Este inseparable trio se mantiene unido por el pegamento del lenguaje corporal, que parece que no existe, mas es fundamental en este triángulo humanamente imperfecto.

Por todo esto, me entristece el observar esas pymes o esas multinacionales en las que las personas son meros figurantes de una obra que se saben de carretilla, mas no consiguen interpretar elocuentemente, sólo con impertérrita tenacidad. En fin, será cuestión de seguir investigando las utilidades de las webs 2.0 a la par que tornamos a ser lo que somos per se: HUMANOS.

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